Capítulo V. Impactos socioeconómicos y demográficos de la metropolización de la población colombiana y de los mercados de trabajo y residenciales
p. 189-242
Note de l’éditeur
Melba Rubiano y Ángela Malagón del dane atendieron con diligencia mis pedidos de apoyo para la complementación de las estadísticas de soporte de esta investigación. Pacho Giraldo, Pedro Abramo, Rafael Barrera y Carlos E. Alonso me sugirieron reflexiones sobre las cuestiones de la geografía metropolitana colombiana. A todos ellos mi gratitud y aprecio.
Texte intégral
1La metropolización es una etapa del proceso de urbanización de la población que antecede a la configuración de las megalópolis, donde agentes económicos y unidades de decisión política localizados en dos o más unidades espaciales – susceptibles de ser distinguidas con criterios administrativos – interactúan a través de intercambios mercantiles, redes de contacto u otras formas organizadas de proximidad, ampliando su umbral de interacción a una escala supralocal que gravita sobre un núcleo. Unidades espaciales se consideran perdedoras con la metropolización y, por ello, disputan con sus políticas el ascenso al lugar de los ganadores, sin llegar a producir resultados del tipo “suma cero”. En cualquier caso, la metropolización se configura en la regla que aglutina a grupos y a individuos en un orden social superior que aquel que detentan agentes semejantes localizados en otras zonas dispersas en el territorio.
2Tales unidades espaciales, así como las zonas metropolitanas de las que hacen parte, poseen una trayectoria histórica tan heterogénea como sus vínculos con el pasado. Esas trayectorias dependientes han sido estudiadas por el pensamiento espacial dominante aduciendo, como en el caso del teorema del cambio endógeno y acumulativo (Kaldor, 1972, p. 1244), que “dado cierto nivel de población y en ausencia de nuevos descubrimientos de las ciencias puras y aplicadas, no hay límites para el proceso de expansión con excepción de aquellos con una demanda inelástica y rendimientos que no crecen”. Esa idea implícita de la trascendencia de los rendimientos crecientes es retomada por Krugman (1992, p. 16) quien conviene en que “el desarrollo desigual de regiones enteras (que en los Estados Unidos en muchas ocasiones son más grandes que algunas naciones europeas) puede estar dirigido por procesos acumulativos enraizados en los rendimientos crecientes”. En nuestro caso, tales procesos acumulativos están vinculados a las intervenciones del Estado para desligar a la sociedad del pasado colonial alrededor del llamado “proceso de modernización” y a la intensidad y persistencia del conflicto interno, sin dejar de lado el proceso de industrialización, lográndose reconocer varios determinismos geográficos que le otorgan singularidades a la geografía metropolitana colombiana. A ese respecto Zambrano y Bernard (1993, p. 227) concluyen en su investigación con visión de largo plazo del poblamiento del territorio colombiano que “las primacías urbanas, a excepción de la de Bogotá, han variado radicalmente en la historia de Colombia. El panorama que se presenta es el de la permanente composición y recomposición de las redes urbanas y del cambio de los ejes dominantes”.
3Además de la investigación de Zambrano y Bernard hay otras que recaban los recursos de la demografía para señalar las tendencias y los rasgos de la urbanización de la población colombiana. Una investigación de Jaramillo e Ibáñez (2002) del conjunto de zonas metropolitanas y de otras ciudades con alguna influencia territorial permitió la identificación de macrorregiones colombianas. Otra investigación sobre las migraciones internas en Colombia entre 1973 y 1993, a nivel interdepartamental, fue realizada por Martínez (2006, p. 351), quien sugiere que “los flujos emigratorios crecientes que se observan desde Bogotá, Atlántico, Antioquia y Valle se deben a un fenómeno de desconcentración de las áreas metropolitanas y de suburbanización, similar al que se ha observado en las áreas metropolitanas de los países desarrollados”. La intuición parece acertada aunque restricta a cuatro zonas en proceso de metropolización, pero el camino recorrido en los países centrales es muy diferente al nuestro por sus determinantes y magnitudes. Por ejemplo, la concentración del crecimiento poblacional urbano en 84 cabeceras municipales, 65 localizadas en zonas metropolitanas, y los rasgos de baja cosmopolitización y elevada polarización social de la población fueron enunciados en un estudio precedente (Alfonso, 2007). La pérdida de volatilidad espacial de las migraciones internas es otro rasgo común a las reflexiones en curso. Finalmente, otros estudios han expuesto la profundización de las relaciones de metropolización de Bogotá con la Sabana (Jaramillo y Alfonso, 2001; Alfonso, 2010).
4Al igual que en otras latitudes, el fenómeno metropolitano en Colombia no encaja en ese universo fantasioso donde proliferan las elevadas correlaciones espaciales, siendo el desorden el rasgo que caracteriza la ocupación de sus territorios pues, aun en presencia de vínculos metropolitanos fuertes como la integración de los mercados laborales y residenciales, algunas grandezas presentan erraticidades: elevadas densidades de ocupación son compatibles con hacinamiento, o sin él, así como la pobreza relativa es tan incidente tanto en los medios más metropolizados como en los menos metropolizados, por ejemplo.
5Reconocida la dependencia de la trayectoria histórica de cada zona metropolitana, este trabajo analiza, en la primera parte, la intensidad y las características socioterritoriales del fenómeno en la actualidad y su impacto en los mercados de trabajo, empleando un conjunto de recursos estadísticos y simulaciones. La segunda parte se ocupa del análisis de los resultados de la metropolización de la población; y la tercera de su impacto económico y sociodemográfico. En las reflexiones finales se hace énfasis en los derroteros a seguir por las investigaciones de una cuestión de innegable trascendencia social, llena de desafíos intelectuales para su abordaje teórico y empírico.
1. METODOLOGÍA, RAZONES Y SIMULACIONES
6Los estudios mencionados orientan la selección de las zonas metropolitanas y permiten verificar las relaciones de interacción entre la población residente y nativa susceptibles de ser metropolitanas, característica no común a otras ciudades colombianas. Otro tanto ocurre con los movimientos cotidianos de trabajadores. Adicionalmente, se constató la existencia formal de cinco “áreas metropolitanas” con cuyos municipios signatarios se complementó el universo de municipios metropolizados. La geografía metropolitana propuesta se presenta en el cuadro 1 que, además, facilita la explicación de las escalas de análisis empleadas para establecer las relaciones de metropolización.
7La escala perimetropolitana la componen las migraciones –en ocasiones denominadas “migraciones cortas”– y demás fenómenos socioespaciales vinculados con las zonas metropolitanas que tienen origen en los departamentos circunvecinos, incluido aquel del que hacen parte el núcleo y los municipios metropolizados. En la escala posmetropolitana se agrupan las “migraciones largas” y demás fenómenos igualmente vinculados con las zonas metropolitanas que tienen su origen en departamentos alejados o que no son contiguos a tales zonas. La escala metropolitana, por defecto, la componen los nacidos en la zona metropolitana que no han emigrado, así como los demás fenómenos socioespaciales de los que son testigos presenciales. Sobre esas escalas ad hoc se orientan los análisis espaciales de incidencia del núcleo sobre el resto del territorio colombiano y se derivan los modelos de metropolización de población y de trabajo. Estas escalas definen la estructura de las matrices origendestino de la población y el trabajo.
8Para la construcción de los indicadores de metropolización de la población se emplea la noción de las “migraciones de toda la vida”, captadas por los censos en los cambios de residencia; las que, por su parte, son el indicador estructural del fenómeno de la metropolización que se emplea en este trabajo para reflejar su avance y los rasgos distintivos en las zonas metropolitanas identificadas. En algunos estudios precedentes se empleó la variable “lugar de nacimiento” del entrevistado, pero para éste se usa el “lugar de residencia de la madre al nacer” pues tiene mayor calidad estadística al ofrecer menos valores perdidos en el operativo.
CUADRO 1. GEOGRAFÍA METROPOLITANA COLOMBIANA
Núcleo metropolitano | Municipios metropolizados | Departamentos circunvecinos |
Bogotá | Bojacá, Cajicá, Cota, Chía, El Rosal, Facatativá, Funza, Fusagasugá, Gachancipá, La Calera, Madrid, Mosquera, Sibaté, Soacha, Sopó, Subachoque, Tabio, Tenjo, Tocancipá y Zipaquirá | Resto de Cundinamarca, Boyacá, Antioquia, Caldas, Huila, Meta y Tolima |
Medellín | Barbosa, Bello, Caldas, Copacabana, Envigado, Girardota, Itagüí, La Ceja, La Estrella, Marinilla, Rionegro y Sabaneta | Resto de Antioquia, Choco, Córdoba, Bolívar, Sucre, Santander, Boyacá, Cundinamarca, Caldas y Risaralda |
Cali | Candelaria, Jamundí, Palmira y Yumbo | Resto del Valle del Cauca, Cauca, Chocó, Quindío, Risaralda y Tolima |
Barranquilla | Galapa, Malambo, Puerto Colombia y Soledad | Resto del Atlántico, Magdalena y Bolívar |
Bucaramanga | Floridablanca, Girón y Piedecuesta | Resto de Santander, Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cesar y Norte de Santander |
Cúcuta | El Zulia, Los Patios, San Cayetano y villa del Rosario | Resto de Norte de Santander, Boyacá, Cesar y Santander |
Pereira | Dosquebradas, La Virginia y Santa Rosa de Cabal | Resto de Risaralda, valle del Cauca, Antioquia, Caldas, Chocó y Tolima |
Manizales | Chinchiná, Neira y Villamaría | Resto de Caldas, Antioquia, Cundinamarca, Risaralda y Tolima |
Armenia | Calarcá y La Tebaida | Resto del Quindío, Boyacá, Caldas, Huila, Meta y Tolima |
Fuente: elaboración propia.
9La información estadística disponible en la infraestructura colombiana de datos y Redatam del dane no permitió reconstruir la matriz origen-destino de la zona metropolitana de Armenia por completo. En el caso de Floridablanca, los valores de destino de los nacidos hacia la zona perimetropoltiana y posmetropolitana son el resultado de una estimación por diferencias con el total de nacidos y los residentes en la zona metropolitana. Para la construcción de la matriz origen-destino del trabajo se empleó la variable censal “personas que trabajaron durante la semana anterior”. Por tanto, las medidas como la del tamaño del mercado de trabajo y otras razones estadísticas son construidas con base en los ocupados y no en la población económicamente activa, con lo que se evitan sesgos de sobreestimación y especulaciones del lugar de búsqueda de trabajo de los desocupados.
10El tamaño de la zona metropolitana es la sumatoria del número total de residentes en el núcleo y en cada municipio de su área de influencia inmediata. Sobre ese tamaño se estima la incidencia i de las migraciones del núcleo metropolitano sobre el crecimiento local y el de la zona, esto es, qué proporción del crecimiento poblacional es atribuible a esas migraciones, razón que se construye sobre la base del saldo migratorio.
11El tamaño del mercado de trabajo es el número de ocupados que trabajan en cada municipio, incluyendo al núcleo. Esa aclaración es pertinente para evitar la confusión entre el número de ocupados que residen en cada municipio con los que efectivamente trabajan allí. De hecho, hay una proporción de residentes que trabajan en otros lugares y, por tanto, incrementan el tamaño del mercado de trabajo en los lugares receptores metropolitanos, perimetropolitanos o posmetropolitanos. Sin embargo, en el cálculo de las razones de dependencia efectiva Dm se deben considerar los trabajadores residentes en cada lugar que estén ocupando un puesto de trabajo en cualquier otro pues, en efecto, adonde se reside es que se desenvuelven los vínculos familiares y, por tanto, donde se establece alguna dependencia con el perceptor de ingresos:

12Esta es una razón de dependencia efectiva pues capta a las personas residentes en el municipio con las que en efecto tenían un puesto de trabajo, y difiere de las razones de dependencia potenciales que se construyen a partir de las pirámides poblacionales en las que el total de la población se compara con la población en edad de trabajar.
13La incidencia del mercado de trabajo del núcleo metropolitano sobre el de los municipios metropolizados sigue la misma lógica de cálculo de la incidencia poblacional, pero se refiere a los movimientos cotidianos por razones de trabajo, de los que resulta un saldo que se divide por el tamaño del mercado de trabajo local. Esa relación indica qué proporción de los ocupados que residen en algún municipio son absorbidos por el mercado de trabajo del núcleo metropolitano o, qué tanto se debería incrementar el mercado de trabajo local para absorber in situ la movilidad cotidiana de sus residentes hacia el núcleo en busca de trabajo. Cuando esa razón es de signo contrario significa que es el mercado de trabajo del municipio metropolizado el que ha crecido para absorber algún contingente de migrantes del núcleo.
14Para establecer los impactos de la metropolización del mercado de trabajo se asume como grupo de control a las mismas 65 ciudades consideradas. Empleando las matrices origen-destino de migración estructural y cotidiana, junto con las razones sugeridas se realizaron varios ejercicios de simulación que sustrajeron las porciones metropolitanas de las configuraciones actuales, esto es, el número de migrantes con que se calculan los saldos migratorios, situación próxima a la autarquía pues, de hecho, no se sustraen las interacciones con el resto del país. Finalmente, se estimó el incremento en la jornada de trabajo de los trabajadores que interactúan cotidianamente con el núcleo metropolitano, considerando el tiempo de ida y de regreso entre el lugar de residencia y el sitio de trabajo y una jornada laboral de ocho horas de trabajo al día.
15Para el análisis de la metropolización de los mercados residenciales se sugiere utilizar una medida global de densificación de los municipios metropolizados –la densidad bruta poblacional– que, al igual que con las razones de dependencia, es susceptible de calcular en un escenario sin relaciones de metropolización de la población. Al hacerlo es posible calcular el efecto densificador de tales relaciones para explorar las correlaciones de los indicadores calculados con los de tenencia de la residencia, en propiedad o en alquiler, y de hacinamiento. Por razones prácticas, la medida de hacinamiento empleada para esta investigación es el número de hogares que residen en el municipio dividido por el stock residencial, pues se encontraron inconvenientes metodológicos para construir medidas más refinadas como el número de personas por cuarto habitable.
2. METROPOLIZACIÓN DE LA POBLACIÓN
16El 45,6% de la población censada en Colombia reside en las nueve zonas metropolizadas identificadas. Hay niveles de la metropolización, como se colige de las magnitudes del índice de metropolización que se presentan en la gráfica 1, que reflejan el estado de un fenómeno poco uniforme entre los municipios metropolizados y entre las zonas metropolitanas.
17La composición socioeconómica de los municipios con mayor índice de metropolización es por regla general monoclasista de rango bajo, esto es, que una proporción dominante de los hogares que allí residen engrosan los estratos inferiores. A partir de allí y en sentido descendente se encuentran municipios metropolizados con mejores mezclas socioeconómicas, que terminan configurando un mapa metropolitano segregado y con rasgos de aguda polarización social.
18Aunque Bogotá es el núcleo metropolitano más poblado, su zona de influencia no lo es, pues en el Valle de Aburrá hay 36% más de residentes que en la Sabana de Bogotá, fenómeno que obedece principalmente al hecho de que, a diferencia de Medellín y al resto de los núcleos metropolitanos del país, en Bogotá hacia 1954 ocurrió una adhesión autoritaria de varios municipios que, a la par con su disolución administrativa facilitó el ensanchamiento del núcleo metropolitano. La tercera zona de influencia metropolitana más populosa es la de barranquilla que tiene la particularidad de experimentar la mayor incidencia del núcleo pues su crecimiento es inducido en un 25,9% por las migraciones barranquilleras. En la gráfica 1 también es posible deducir que, aunque las zonas de Cali y Bucaramanga tienen un tamaño relativamente similar, la incidencia del núcleo es de diferente calado. Las zonas de influencia más pequeñas son las del Eje Cafetero, y la ciudad que exhibe el fenómeno metropolitano más arraigado es Pereira, cuyo tamaño e influencia es equiparable al de Cúcuta que, sin embargo, tiene una influencia binacional que no es posible estimar por ahora.
GRÁFICA 1. ÍNDICE DE METROPOLIZACIÓN DE LOS MUNICIPIOS DE LAS ZONAS METROPOLIZADAS, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
19La pérdida de volatilidad territorial de la población colombiana es un fenómeno estudiado con anterioridad que en el caso de los centros más dinámicos –los metropolitanos– se torna más evidente pues las migraciones perimetropolitanas son de mayor trascendencia que las posmetropolitanas. La composición poblacional de las zonas metropolitanas por el lugar de origen de sus residentes que se presenta en la gráfica 3 revela, en todos los casos, la mayor intensidad de las migraciones perimetropolitanas en relación con las posmetropolitanas. La zona metropolitana de Pereira es la que recibe la mayor influencia relativa a nivel perimetropolitano, debido a la creciente interacción de su población con Antioquia, Caldas y Valle del Cauca, principalmente. Le sigue en importancia Medellín, pero el Valle de Aburrá es la zona metropolitana que tiene el mayor número de vecinos pues, según el cuadro 1, además del resto de municipios antioqueños está circundado por nueve departamentos. Por su parte, la zona metropolitana de Armenia es la que recibe la mayor influencia relativa al nivel posmetropolitano y esto se debe, en principio, a la gran corriente de inmigrantes que se radicaron allí durante el proceso de reconstrucción de la ciudad luego del terremoto de enero de 1999.
GRÁFICA 2. TAMAÑO DE LAS ZONAS METROPOLITANAS E INCIDENCIA DE LOS NÚCLEOS, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
20La zona metropolitana de Barranquilla acoge a la mayor proporción relativa de nacidos en la misma zona por la notable interacción de Barranquilla con Soledad en el marco de la recomposición social del territorio metropolitano. Mientras que nuevas corrientes migratorias provenientes del litoral y de la Sabana interior caribeña ocupan desarrollos urbanísticos prestigiosos en proximidades al barrio Buenavista, la población de bajos ingresos encuentra incentivos para localizarse en Soledad más que en cualquier otra ciudad caribeña. Por su parte, las zonas metropolitanas de Medellín y Bucaramanga detentan la menor influencia posmetropolitana, configurándose entonces como ambientes metropolitanos cerrados, con fuertes limitaciones a la adaptación cultural definitiva de los inmigrantes.
GRÁFICA 3. COMPOSICIÓN DE LOS RESIDENTES EN LAS ZONAS METROPOLITANAS POR LUGAR DE ORIGEN, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
21Tratándose de la diáspora de nativos de las dos zonas metropolitanas más populosas Bogotá-Sabana y Medellín-Valle de Aburrá, sus destinos son las zonas perimetropolitanas por preferencia, fenómeno que las diferencia de las demás zonas en las que las proporciones de emigrantes a zonas posmetropolitanas son superiores, como se verifica en la gráfica 4. Por tanto, la peculiaridad de estas dos zonas es que detentan una tasa de retención mayor que el resto y, además, consiguen retener a sus nativos en sus zonas perimetropolitanas.
22Pero si entre menor es el grado de desarrollo social y económico de la zona mayor es la proporción de emigrantes hacia zonas posmetropolitanas, esa regla también guarda relación con el tamaño poblacional de la zona y, por tanto, con la trayectoria histórica de sus determinantes, como la dotación de bienes públicos y bienes club metropolitanos, la productividad de los factores en los subsistemas económicos metropolitanos y las condiciones de acceso a los mercados residenciales. Nótese que tales determinantes guardan alguna relación con las explicaciones más corrientes del fenómeno, que redundan en las capacidades y dotaciones de las personas, en su capital humano para hacer frente al desarraigo de su lugar de origen y a la distancia en que encuentran un lugar de trabajo. En el cálculo económico que hacen también computan tales determinantes en el costo del desarraigo para cotejarlo con los beneficios salariales, residenciales y medioambientales que les reportan los lugares que los acogen. Los más refinados incorporan el riesgo de adaptación.
GRÁFICA 4. COMPOSICIÓN DEL DESTINO DE LOS NACIDOS EN LAS ZONAS METROPOLITANAS, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
23Reconocido el estado del fenómeno y su trascendencia social, interesa discutir ahora su impacto en los mercados de trabajo para inferir sobre la calidad de vida de los residentes en las zonas metropolitanas. Con tal propósito se discute la productividad del trabajo industrial en mercados cada vez más flexibilizados como escenario de las interacciones laborales metropolitanas, la metropolización del mercado de trabajo y su impacto en las razones de dependencia y su correlación con una grandeza demográfica: la tasa de retención de nativos.
3. METROPOLIZACIÓN DE LOS MERCADOS DE TRABAJO Y SU IMPACTO DEMOGRÁFICO, SOCIAL Y ESPACIAL
24El 52,9% de la población censada que tiene un puesto de trabajo reside en las nueve zonas metropolizadas identificadas, contingente de casi siete millones de trabajadores que labora en un ambiente de creciente inestabilidad laboral inherente a los mercados de trabajo flexibilizados. La metropolización de tales mercados incide positivamente en la retención de los nacidos en los municipios metropolizados, contrae las razones de dependencia y eleva la productividad media del trabajo. Por su parte, el tamaño del mercado de trabajo del núcleo metropolitano incide negativamente sobre el de los municipios metropolizados, esto es, que a medida que se amplía tienden a contraerse los del área circundante en términos relativos.
3.1 Flexibilización/desregulación de los mercados de trabajo y disparidades metropolitanas de productividad
25Los efectos de la metropolización sobre los mercados de trabajo ocurren en un contexto en el que las políticas de desvalorización del trabajo iniciadas desde comienzos de los noventa han madurado, al punto que la flexibilización del contrato de trabajo, es decir, la inestabilidad laboral y la pérdida de otras garantías laborales individuales como la retroactividad de las cesantías o las remuneraciones adicionales por extensión de la jornada de trabajo han conducido a una persistente contracción del fondo salarial de la economía colombiana. Estas políticas son apalancadas por los magros ajustes periódicos al salario mínimo legal defendidos con el argumento de la búsqueda del equilibrio fiscal que otras decisiones de gasto público, por ejemplo militar, se encargan de desequilibrar y, además, con el argumento de evitar que el pasivo pensional termine de desbordarse.
26El contenido de tales políticas es discutido en los debates sobre la eficiencia macroeconómica de los mercados de trabajo desregulados o flexibilizados, que se basa en el principio de que “la disponibilidad de las firmas para contratar es básicamente dependiente de su capacidad para despedir [trabajadores]” (Forges y Realfonzo, 2003, p. 63). Además de la consecuente contracción del potencial de consumo en el presente y de la capacidad de ahorro para atender eventuales contingencias del futuro de los trabajadores y de sus dependientes, su sumisión a contratos de trabajo flexibles ocurre en un ambiente en el que su despido es latente, de manera que la estrategia para relajar unilateralmente la incertidumbre acerca de la estabilidad en el puesto de trabajo es la de incrementar el esfuerzo y, por tanto, la productividad laboral (ibíd., p. 71). Esa inestabilidad laboral también la enfrentan los contratistas que engrosan las nóminas paralelas de la administración pública. Eso sucede sin que ocurran modificaciones sustantivas en la función de producción de las firmas que operan en las diferentes agrupaciones industriales, esto es, en un escenario de estancamiento en el progreso técnico y de preservación del grado de monopolio en las agrupaciones industriales. Sin embargo, la tensión entre la libertad de despedir y las instituciones de un Estado de Derecho que garantiza los derechos colectivos de los trabajadores tiene también una dimensión espacial, pues la mayor sindicalización del núcleo metropolitano disminuye la incertidumbre que pesa sobre el trabajador flexibilizado cuyos pares de los municipios metropolizados tienen una menor propensión a sindicalizarse.
27Pero un rasgo de la metropolización de los mercados de trabajo es la emergencia y persistente ampliación de una brecha de productividad laboral y de la convergencia simultánea de las tasas salariales. Tal convergencia es tratada especialmente por los teóricos del crecimiento endógeno según los cuales las firmas son salario-aceptantes, mientras que las discrepancias intrametropolitanas en la productividad del trabajo son atribuidas al componente de localización industrial de las economías de aglomeración: economías externas a la firma pero internas a la industria localizada (Henderson, 1974, p. 641). Estas ideas persisten en los enfoques contemporáneos en los que, al lado de los rendimientos crecientes de la especialización, las economías externas a las empresas dan soporte a modelos de aglomeración urbana y metropolitana, mientras que las economías internas a las firmas son comúnmente tratadas en los modelos de competencia imperfecta (Krugman, 1992, p. 12). Tal enfoque ha sido empleado como soporte teórico de la explicación de las disparidades metropolitanas de productividad en Francia (Catin, 1997, p. 580). Pero los incrementos en la productividad del trabajo también son impulsados por la existencia de una porción calificada o especializada de desempleados en busca de un puesto de trabajo.
28Un 30% del producto bruto industrial colombiano de 1991 eran salarios, mientras que hoy estos representan un escaso 16,8%. Los mercados metropolitanos de mayor tamaño han sido los que mejor han resistido el embate reformista pues, como en el caso de Bogotá, un 25,9% del valor agregado industrial aún se destina al fondo salarial. Según se infiere de la gráfica 5, la productividad laboral media de la Sabana de Bogotá – la zona metropolizada de Bogotá – es un fenómeno crucial para Colombia pues, de manera persistente, es más elevada que la experimentada en el núcleo metropolitano y en el resto del país. La superespecialización de los establecimientos industriales localizados en la Sabana de Bogotá en agrupaciones industriales como la producción de vidrio y químicos sugeriría, como se acostumbran en los países centrales (Catin, 1997, p. 585), que el tamaño de su economía metropolitana y, por tanto, de su mercado de trabajo fuera influenciado positivamente por el nivel de productividad del trabajo lo que, según se verá a continuación, no ocurre.
29Los incrementos persistentes en la productividad media del trabajo en los municipios metropolizados son largamente contrarrestados por la mayor eficiencia energética de los procesos productivos localizados en el núcleo metropolitano, esto es, la mayor cantidad de valor agregado industrial obtenida por unidad energética empleada medida, generalmente, en kilovatios/hora. Tal eficiencia está correlacionada positivamente con el grado de mecanización de los procesos productivos, fenómeno que sugiere la prevalencia de una división intrametropolitana del trabajo consistente en la tendencia a la posfordización del núcleo metropolitano y la persistencia de la fordización en los municipios metropolizados. Esa división, por su parte, se constituye en una poderosa barrera para que el trabajo del sector terciario, superior y medio se desconcentre en dirección de los municipios metropolizados.
GRÁFICA 5. PRODUCTIVIDAD MEDIA DEL TRABAJO INDUSTRIAL, COLOMBIA, 1985-2007 (miles de pesos de 1999)

Fuente: cálculos del autor con base en la Encuesta Anual manufacturera del dane.
3.2 Metropolización de los mercados de trabajo y sus impactos espaciales
30La profundización de las relaciones de metropolización conlleva la integración paulatina de los mercados de trabajo; también de los residenciales. Sin embargo, esa correlación es positiva pero diacrónica tal como se expone en la gráfica 6. En el 85,7% de los municipios metropolizados la metropolización de la población es superior a la del mercado de trabajo, siendo más acentuado ese fenómeno en los municipios monoclasistas de familias de bajos ingresos: Desquebradas, Soledad, Soacha, Villamaría, Los Patios y Girón. La sincronía en los casos de Bello, La Estrella y La Calera es una mera casualidad estadística. Dentro de los ocho municipios en los que la metropolización del mercado de trabajo es mayor que la de la población, están tres de los cuatro de la zona metropolitana de Barranquilla –Galapa, Malambo y Puerto Colombia– que indica que sobre su mercado de trabajo gravitan las posibilidades de subsistencia de personas que, a diferencia de lo que ocurre en Soledad, aún no han optado por el cambio de residencia. Floridablanca es el municipio donde las relaciones de metropolización del trabajo son más intensas, pero no así las de la población y, por tanto, la afluencia de residentes hacia Bucaramanga indican que ese es el principal “municipio dormitorio” del país. Tal condición, que es común a Copacabana, Caldas, Calarcá y Neira, y a los mencionados municipios caribeños, determina persistentes pérdidas en la productividad del trabajo por la intensidad relativa de los desplazamientos cotidianos y el tiempo de desplazamiento gastado por los trabajadores.
GRÁFICA 6. ÍNDICES DE METROPOLIZACIÓN DE LA POBLACIÓN Y DEL MERCADO DE TRABAJO, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
31El tamaño del mercado de trabajo del núcleo metropolitano es el principal determinante del crecimiento del mercado de los municipios metropolizados pues, en la medida en que el mercado del núcleo metropolitano es más grande, hay menos incentivos para que el mercado de trabajo de los municipios metropolizados se ensanche y, por tanto, la incidencia global del núcleo tiende a disminuir pues son más los residentes en las zonas metropolitanas que procuran un lugar de trabajo en el núcleo que los que residen allí y trabajan en la zona metropolitana (ver gráfica 7). Esto ocurre porque, por fuerza de las mayores dotaciones de capital público, el costo unitario de formar capacidades y destrezas en el núcleo metropolitano es generalmente menor al salario promedio. En otras palabras, cuando la tasa de descuento del capital humano es superior a la tasa de beneficio (Storper, 2003, p. 16) hay un estímulo para emigrar. Pero el medio metropolitano facilita las “conexiones con aquellos que tienen destrezas o tecnologías complementarias, ya que el capital del individuo no puede utilizarse aisladamente” (ibíd., p. 16). A medida que el tamaño del mercado de trabajo del núcleo metropolitano se reduce, las economías externas a las firmas que operan en los núcleos también y, por ello, las oportunidades laborales son menos concentradas que en las zonas metropolitanas con mercados de trabajo de mayor tamaño. Las excepciones a esta regla, como se observa en la gráfica 7, son aquellas zonas de menor desarrollo metropolitano.
GRÁFICA 7. TAMAÑO DEL MERCADO DE TRABAJO DEL NÚCLEO E INCIDENCIA SOBRE EL DE LA ZONA METROPOLITANA, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
32Como la escala de producción le permite a las firmas industriales obtener grandes economías, el tamaño de los núcleos es un aliciente para que localicen sus plantas y provean a los mercados local y externo desde allí. Una potencial relocalización en el área circundante conlleva elevados costos de desarraigo, esto es, de internalización de costos fijos o de instalación no amortizados y, además, en nuevos costos fijos y de traslado al lugar receptor. Si la demanda local es pequeña, el abastecimiento del núcleo desde el municipio metropolizado se torna estratégico para las firmas que, por su parte, verán como algo inevitable que los costos de transporte adicionales sean transferidos al precio de los bienes que producen, dando como resultado una paulatina contracción de su demanda. Por tanto, las economías de escala, los costos de transporte relativamente bajos y la mayor participación poblacional de los núcleos metropolitanos, además de la mencionada eficiencia energética, son ventajas considerablemente superiores a las ganancias por sobreproductividad laboral y aun a las rentas de localización producidas por una eventual reducción de los impuestos locales en los municipios metropolizados.
33En los municipios metropolizados se ratifica la regla de que los de mayor tamaño relativo son los que experimentan el mayor impacto de su proximidad geográfica al mercado del núcleo. Nótese en la gráfica 8 que en el caso de Soacha la mitad de la fuerza de trabajo ocupada que reside allí es empleada en Bogotá. Dicho de otra manera, el mercado de trabajo de Soacha se debería duplicar en una situación de autarquía en la que el municipio no tenga interacciones metropolitanas. Ese primer impacto obedece al alcance metropolitano de las economías externas de los establecimientos bogotanos que implica, además, que su existencia desestimula la inversión productiva en establecimientos de características semejantes en Soacha. Para otros municipios con relaciones de metropolización avanzadas como Bello, Soledad, Los Patios y Villamaría, las relaciones de metropolización con sus núcleos les evita generar localmente entre el 70 y el 80% de puestos de trabajo adicionales para sus residentes. En los casos de Dosquebradas y Girón tal impacto bordea el 40%.
GRÁFICA 8. METROPOLIZACIÓN E INCIDENCIA DEL MERCADO DE TRABAJO DEL NÚCLEO SOBRE EL DE LOS MUNICIPIOS METROPOLIZADOS, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
34Municipios con relaciones de metropolización de más bajo calado enfrentan una situación diferente pues, como en el caso de Neira, Cota, Funza o Sabaneta, por ejemplo, sus mercados de trabajo locales se incrementan hasta en un 20% como resultado de tales relaciones. La capacidad de absorción de fuerza de trabajo de las economías locales es suficiente para ocupar al trabajo residente y a una proporción de trabajo residente tanto en el núcleo como en municipios circunvecinos.
35En la operación conjunta de los mercados de trabajo metropolitanos, por lo menos los industriales, el salario converge en niveles y tasas de ajuste periódico, mientras que la productividad laboral es de mayor nivel en los municipios metropolizados que en los núcleos metropolitanos. Si las tasas de ajuste anual también convergen eso luce irrelevante debido a que el prestigio y la reputación del trabajador se deben a su productividad media –laboriosidad y empeño– y no a una tasa. En vista de que lo que se procura es una explicación de la interacción de los mercados del núcleo y de los municipios metropolizados, la disparidad de productividad ocurre en un medio laboral en el que el acceso a un puesto de trabajo está cada vez más determinado por la pertenencia del trabajador a redes personales y sociales que se encargan de proclamar tal prestigio. Es decir, que la proximidad organizada o institucional le reporta al trabajador más beneficios que su proximidad física a la firma (Rallet, 2002, p. 68).
3.3 Metropolización del mercado de trabajo, movilidad cotidiana e implicaciones sobre la productividad
36La liberación de la porción del presupuesto destinada a gastos en transporte es la primera ventaja que tiene el trabajador que no requiere movilizarse de su lugar de residencia frente a los que sí lo necesitan. Hacia 1988, un 6,8% del presupuesto de gasto de los hogares colombianos se destinaba al transporte, mientras que en 1998 ya ascendía a 13,5%. Hoy por hoy ese gasto captura el 15,2% del presupuesto familiar, siendo del 11% del de los hogares de bajos ingresos, el 15,3% del de los ingresos medios y el 23,9% del de los ingresos altos. Esos incrementos sensibles y persistentes se deben al efecto combinado del incremento real de las tarifas y, en general, de los costos asociados a la movilización personal, y de los incrementos en la demanda de movilización, es decir, de trayectos/pasajero en razón de la flexibilización de los mercados de trabajo. Para los hogares de ingresos medios y bajos, especialmente, la decisión de localización residencial es una decisión crucial, riesgosa y llena de incertidumbre en razón del contrato de trabajo flexible. La segunda ventaja es la no sumisión personalizada y cotidiana a las órdenes jerárquicas que caracterizan al sistema burocrático del trabajo. Y la tercera es la mayor disponibilidad relativa de tiempo para la reposición de la fuerza de trabajo, pues el trabajador que se moviliza incurre en tiempos de viaje que son contabilizados como un incremento relativo de la jornada legal de trabajo establecida en ocho horas al día.
37El tiempo de desplazamiento en ambos sentidos, residencia-trabajo-residencia, no le es remunerado al trabajador y el subsidio de transporte es apenas un atenuante modesto del gasto efectivo que realiza. El tiempo de desplazamiento y el gasto en dinero están correlacionados positivamente con el tamaño de la ciudad y con las deficiencias en la accesibilidad y movilidad intraurbanas y metropolitana. Dependiendo de ello, los trabajadores que se movilizan cotidianamente en el ámbito intraurbano detentan una ventaja relativa considerable con los que se movilizan en el ámbito metropolitano que oscila, como se presenta en la gráfica 9, entre el 10 y el 30% adicional del tiempo medio de desplazamiento intraurbano.
GRÁFICA 9. INCREMENTO RELATIVO EN LA JORNADA DE TRABAJO POR DESPLAZAMIENTO RESIDENCIA-TRABAJO-RESIDENCIA DE LOS TRABAJADORES METROPOLIZADOS EN RELACIÓN CON LOS QUE TRABAJAN Y RESIDEN EN EL MUNICIPIO, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
38Hay una correlación negativa entre el índice de metropolización y la prolongación relativa de la jornada de trabajo. Sin embargo, tal como se presenta en la gráfica 10, municipios con elevado índice de metropolización de población y trabajo se encuentran encima de tal tendencia, es decir, que como ocurre en Soledad, Bello, Soacha, Desquebradas y Villamaría, las deficiencias en accesibilidad y movilidad metropolitanas imponen un sobrecosto a los trabajadores de bajos ingresos que residen allí.
GRÁFICA 10. CORRELACIÓN ENTRE METROPOLIZACIÓN DEL MERCADO DE TRABAJO Y PROLONGACIÓN DE LA JORNADA DE TRABAJO DE LOS TRABAJADORES METROPOLIZADOS, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
39Pero esa prolongación relativa de la jornada laboral tiene otras implicaciones socioespaciales: de un lado, mina paulatinamente la laboriosidad del trabajador metropolitano y, por tanto, exige más tiempo y calidad de servicios para la reposición de su fuerza de trabajo; de otro lado, esa contracción de la laboriosidad necesariamente impacta negativamente la productividad del trabajo en las firmas metropolizadas. De allí que las posibilidades de ampliación de los mercados de trabajo en los municipios metropolizados graviten igualmente sobre las políticas de accesibilidad y movilidad metropolitanas.
40Los trabajadores metropolizados incurren a disgusto en la prolongación de su jornada de trabajo doblegados por la existencia de un contingente amplio de desempleados con algún grado de calificación, fenómeno que los impulsa a aceptar un contrato de trabajo allí en donde se le ofrece un salario que, por obvias razones, no es necesariamente más elevado que el que encontrarían en su lugar de residencia. La imperiosa lógica de la necesidad ha hecho que el nivel del salario industrial converja, situación que es apalancada por los acuerdos institucionales de ajuste que se reeditan anualmente.
3.4 Impactos sociodemográficos de la metropolización de los mercados de trabajo
41Es posible dilucidar la trascendencia de la metropolización del mercado de trabajo sobre las dinámicas sociodemográficas, en primer lugar, en relación con la retención de nativos en los municipios metropolizados. La correlación es positiva, como se aprecia en la gráfica 11, esto es, que el potencial de retención se incrementa con la profundización de la metropolización. Si los nativos de un lugar tienen incentivos para no emigrar ante la llegada de personas oriundas del núcleo metropolitano, ello no obedece propiamente a que esas últimas sean más adineradas o estén mejor dotadas para enfrentar la vida pues, de hecho, los residentes en los municipios más metropolizados son pobres y, además, esos municipios son monoclasistas de rango bajo. Pero aun en los municipios con mejor mezcla socioeconómica la regla se cumple. En principio, la explicación radica en el potencial económico implícito en las interacciones estructurales de los nativos con los inmigrantes, hipótesis extrapolable al fenómeno de cosmopolitización.
GRÁFICA 11. CORRELACIÓN ENTRE METROPOLIZACIÓN DEL MERCADO DE TRABAJO Y RETENCIÓN DE NACIDOS EN ZONAS METROPOLIZADAS, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
42En el ámbito estrictamente laboral esa correlación es inherente al estado de las expectativas de los trabajadores en relación con la consecución de un puesto de trabajo o con la preservación del que ejercen. Pero la operación conjunta de los mercados de trabajo del núcleo y de los municipios metropolizados es el verdadero regulador de tales expectativas pues un trabajador de algún municipio metropolizado, por ejemplo, tiene una probabilidad de conseguir un puesto de trabajo en su municipio que es menor que la de conseguirlo en el núcleo pero igual o mayor a la de conseguirlo en otro municipio metropolizado circunvecino. En un municipio no metropolizado tales probabilidades son más restrictas.
43Hay otros determinantes no laborales de la tasa de retención, siendo los más relevantes los que guardan relación con el acceso a la residencia y con la inserción del trabajador y de sus dependientes en redes de relaciones de proximidades organizadas o institucionales. Son esas razones de dependencia las que se ven afectadas de manera notoria por el grado de metropolización alcanzado por el mercado de trabajo, siendo este segundo impacto el que se intenta inferir de las gráficas 10 y 11.
44Pero antes de ello es preciso reflexionar sobre la excepcionalidad de las elevadísimas razones de dependencia efectiva que se detectan en Galapa, Santa Rosa de Cabal, Neira y Malambo, en relación con las del resto de municipios metropolizados entre los que sobresalen La Viriginia y Chinchiná por sus bajísimas razones. Algo en apariencia tan inaudito como el hecho de que en Galapa por cada perceptor de ingresos haya once dependientes, es comúnmente atribuido a “razones culturales”. No es así pues es un fenómeno inherente a la economía metropolitana de esta zona caribeña. Si se calculan las razones de dependencia potenciales empleando las pirámides poblacionales, se encuentra que en Colombia es de 1,59 personas por perceptor potencial de ingresos, en Barranquilla es de 1,53, en Galapa de 1,65 y en Malambo de 1,61. Al compararse con las razones de dependencia municipales efectivas, se pone de presente la dificultad que enfrenta la economía atlanticense para absorber empleo. Dicho de otra manera, la explicación cultural –tener muchos dependientes, muchos hijos– es una explicación irrelevante frente a la cuestión económica –tener pocas opciones de trabajo, poco empleo–. Por tanto, tener gran capital humano –más hijos– no es costoso si se tiene capital económico –una fuente estable de ingresos–.
45La simulación realizada para inferir el impacto de la metropolización del mercado de trabajo sobre las razones de dependencia efectivas indica, tal como se aprecia en la gráfica 12, que en ausencia de relaciones de metropolización a lo que he denominado autarquía, las razones de dependencia serían más elevadas y, con ello, el potencial de ahorro familiar y de crecimiento sería menor.
GRÁFICA 12. CAMBIOS EN LAS RAZONES DE DEPENDENCIA POR LA METROPOLIZACIÓN, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
46Para municipios como Villamaría, Galapa, Floridablanca, Copacabana, Caldas, Bello y La Estrella, la metropolización de sus mercados de trabajo significa una contracción de las razones de dependencia que supera el 50% y que alcanza, como en el caso del primer municipio, una contracción del 86,2%. En el otro extremo de la abscisa de la gráfica 13, hay un conjunto de municipios para los que, por el contrario, les favorecería una separación de su mercado de trabajo con el núcleo pues la interacción actual les incrementa, así sea en menor proporción, las razones de dependencia locales.
GRAFICA 13. IMPACTO (%) DE LA METROPOLIZACION SOBRE LAS RAZONES DE DEPENDENCIA, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
47Tratándose precisamente de la población residente en los municipios metropolizados, la existencia de un mercado contiguo muy grande en relación con el mercado local es un aliciente para no cambiar de residencia, lo cual también aplica para los nativos del núcleo metropolitano. El conocimiento, las destrezas y las habilidades de los trabajadores tienen más posibilidades de complementación que en un medio autárquico en donde “el conocimiento puede ser desperdiciado y tener escasos efectos positivos en el desarrollo” (Storper, 2003, p. 16).
48La razón de dependencia tiene un vínculo con la movilidad residencial pues, en efecto, los hogares con menor número de dependientes por perceptor de ingreso enfrentan menos costos de mudanza que aquellos en los que esa razón es más elevada (Fujita, 1989, p. 40). Pero además, la familia es una unidad de decisión compleja lo que implica que, más allá de los criterios de obediencia y subordinación al jefe de hogar, los dependientes al alcanzar cierta edad o madurez intelectual o cierta autonomía económica ejercen su poder de veto a las decisiones de los jefes y, por tanto, las mayores razones de dependencia implican menores grados de flexibilidad en las decisiones de localización por parte de los jefes. Finalmente, razones de dependencia bajas son frecuentemente estudiadas como un potencial económico que brinda la demografía –un bono demográfico– para que los perceptores de ingreso ahorren y mejoren su capacidad de acumulación, situación que, de conjunto, le otorga un plus de crecimiento a las sociedades en cierta fase de su transición demográfica y epidemiológica con pirámides poblaciones oblongas, quedando el aprovechamiento de tal potencial sujeto a la capacidad de absorción de empleo de la economía.
4. METROPOLIZACIÓN RESIDENCIAL Y SUS IMPACTOS SOCIOESPACIALES
49El 46,9% del stock residencial ha sido construido en las nueve zonas metropolitanas: 35,4% en los núcleos metropolitanos y 11,5% en los municipios metropolizados. Puesto que la mayor intensidad del fenómeno de metropolización la detentan municipios monoclasistas de familias de bajos ingresos es posible colegir que la metropolización residencial es consecuencia del mal funcionamiento de los mercados inmobiliarios en los núcleos metropolitanos, especialmente de los mercados del suelo urbano. Por tanto, la metropolización residencial es –en principio– la alternativa al alcance de las familias que impulsadas por la lógica de la necesidad procuran un lugar para vivir. Pero los medios metropolitanos más próximos a la línea ecuatorial también ofrecen diversidad de pisos térmicos que conforman una geografía metropolitana presta para atender la demanda residencial de familias que optan por segundas residencias en zonas cálidas o en zonas frías, próximas a su residencia principal en el núcleo. La primera residencia por fuera del núcleo es demandada por familias de ingresos altos que consumen amplias zonas suburbanas ricas en bienes ambientales y de bienes públicos onerosos para los gobiernos de los municipios metropolizados. Por su parte, las familias de ingresos muy altos prefieren segundas residencias en ambientes posmetropolitanos ricos en bienes simbólicos en donde exhibir su personalidad blasé.
4.1 Crisis hipotecaria e innovaciones financieras
50La cuestión residencial metropolitana ha sido afectada por la crisis hipotecaria de finales de siglo que dejó varias secuelas, entre ellas la modificación de ciertas costumbres y la activación de nuevas prácticas para la producción, el financiamiento y la circulación de tales activos inmobiliarios. A esa crisis del sistema hipotecario de valor constante, inducida por una modificación unilateral de las condiciones pactadas en el contrato de hipoteca impulsada por la autoridad monetaria y por el sobreendeudamiento riesgoso de familias oportunistas que acogieron los incentivos de la banca hipotecaria, le es atribuible la relajación de las pasiones que mueven a las personas a adquirir la residencia en propiedad. La inseguridad jurídica de la tenencia motivada por tal modificación unilateral ha involucrado a miles de familias, de las cuales ya algo más de 60 mil han debido entregar su residencia en dación en pago de los saldos insolutos hipotecarios. Al despojar con crueldad a las familias de su patrimonio residencial, la ineficiencia y desregulación de los mercados hipotecarios melló el principio conservador de la “sociedad de propietarios”, abriendo paso al de una sociedad de inquilinos. El atavismo a la propiedad residencial se ha ido diluyendo al paso que el mercado de la residencia en arriendo, por su parte, gana participación en la estructura de la tenencia porque, además, es funcional a la política de flexibilización salarial, pues torna menos onerosa la decisión del cambio de residencia de las familias cuyos jefes de hogar enfrentan la incertidumbre de un contrato de trabajo flexible que les impone quedar disponibles para realizar cualquier trabajo, en cualquier momento y en cualquier lugar.
51Durante el auge hipotecario (hacia 1995), se colocaba en los núcleos metropolitanos el 85% del crédito hipotecario de valor constante, mientras que en los municipios metropolizados se realizaba el 2,2% de tales colocaciones. En 1999, cuando la crisis tocó fondo, participaban con 83,9% y 1,2% de las colocaciones hipotecarias respectivamente, mientras que en 2005 lo hacían con 81,5% y 2,2%. Por tanto, los ciclos inmobiliarios y financieros hipotecarios son fenómenos metropolitanos.
52Pero los ambientes metropolitanos son también los escenarios de las innovaciones de los capitales –inmobiliario y financiero– con las que intentan enfrentar las secuelas de su ineficiencia. Una porción creciente de la producción residencial se realiza ahora mediante el mecanismo de la “preventa” o “venta sobre planos” en la que algún agente estructura un negocio inmobiliario vinculando al propietario del suelo con una licencia de construcción y un diseño, condiciones para que las familias interesadas aporten periódicamente sus ahorros que son depositados en una fiducia, nueva forma de participación del sistema financiero en la actividad inmobiliaria residencial. Esa innovación le permite al agente inmobiliario, al que llamamos estructurador metropolitano, enfrentar el riesgo inmanente a la sanción del mercado pues sólo comienza la construcción del proyecto cuando los depósitos de las familias en la fiducia le garanticen el punto de equilibrio financiero. Cuando tal punto de solvencia financiero no se alcanza el proyecto no se construye, pero cuando se alcanza sobreviene una nueva incertidumbre: la de si el precio pactado es superior o inferior al precio de mercado al momento de la entrega del activo residencial a las familias. Si es superior hay un incentivo para que el estructurador incumpla el contrato, siendo rentable tal decisión aun después de pagar las sanciones pactadas. Si es inferior hay un aliciente para entregar rápidamente tales activos a fin de que las familias asuman la depreciación virtual que afecta a su patrimonio. Por tanto, esos capitales se pueden considerar como un motor para resolver problemas asociados al riesgo de la sanción del mercado y cuando lo consiguen generan otros problemas que hacen mella en la confianza de las familias.
4.2 Impacto de la metropolización sobre las densidades residenciales
53La medida de la densidad poblacional que se emplea resulta de dividir el número de personas residentes en el municipio por su extensión en kilómetros cuadrados. Esa medida no es indicativa de las condiciones residenciales de las personas, el hacinamiento o el crowding que es un “término en inglés que define una situación en que el número de personas que utiliza o vive en un área urbana o edificación excede el nivel de ocupación aceptable o para el cual fue originalmente planeada” (Acioly y Davidson, 1998, p. 87). Los efectos sociales de la alta densidad son variados: “i) si el individuo se encuentra en circunstancias placenteras, él reacciona positivamente a la alta densidad, ii) si al individuo no le gustan las personas que lo rodean, reacciona negativamente, y iii) si al individuo le es indiferente la presencia de otras personas, un incremento en la densidad no va a tener ningún efecto (ni negativo, ni positivo)” (Fouchier, 1994, p. 12).
54Las densidades elevadas favorecen “la maximización del uso del suelo urbano y de la infraestructura, la minimización de las áreas de expansión urbana, la conveniencia de reducir las fricciones del habitante con el espacio, las mejoras en los sistemas de transporte público y la consolidación del tejido social por las proximidades entre los residentes” (Pun, 1994, p. 51), mientras que sus principales desventajas han sido “los contactos sociales no deseados para muchas personas, las deficiencias en el acceso a ciertas facilidades urbanas cuyo uso se hiperdensifica, la aparición de usos incompatibles y el congestionado y gris panorama urbano” (ibíd., p. 54).
55En las zonas metropolitanas colombianas, un determinante de las elevadas densidades poblacionales es la escasez de suelo edificable para usos residenciales. Desde la aparición del papel moneda hacia 1910 y hasta la elevación a rango constitucional del principio de la propiedad como función social y ecológica en 1991, el suelo edificable se configuró no sólo como depósito de valor sino como fuente de enriquecimiento sin justa causa de particulares que se convirtieron en profesionales de la anticipación de las decisiones del Estado en materia urbana y metropolitana. Con posterioridad a la promulgación de la Nueva Constitución Política de Colombia ese fenómeno de la no circulación del suelo conocido en el sentido común como “especulación”, ha sido resultado de la tolerancia de los poderes públicos con los terratenientes vinculados a la reproducción política del sistema. La escasez económica aflora como resultado de tal práctica y altera el orden residencial en curso, siendo el primer rasgo del mal funcionamiento de los mercados del suelo metropolitanos. Tal escasez se enfrenta con la lógica de la necesidad por familias de bajos ingresos que se ven forzadas a emigrar a algún municipio metropolizado, en donde la tolerancia del Estado a la informalidad urbana se configura como su llave de entrada a la residencia.
56Las familias de ingresos altos que demandan una residencia en el ámbito metropolitano pretenden aislamiento y proximidades cualificadas a familias de ingresos semejantes y a bienes ambientales. Es por esa razón que el suelo rural se torna suburbano, de manera que grandes extensiones de terreno de excelente aptitud para usos agrícolas son adaptadas para usos residenciales contemplativos y poco densos, modo de ocupación sintomático del desperdicio de suelo y del encarecimiento en la provisión domiciliaria de bienes públicos para residencias dispersas.
57El suelo más costoso de los núcleos metropolizados y de zonas nobles de municipios metropolizados, esto es, los mejor dotados de bienes públicos y de bienes simbólicos y, por tanto, los mejor localizados en la estructura residencial metropolitana son los que se emplean con menores densidades, siendo este el segundo rasgo del mal funcionamiento de los mercados metropolitanos del suelo. Las familias que residen en los vecindarios menos densos pagan con gusto esa ineficiencia, excluyendo con tal práctica de consumo residencial a familias que no detentan la misma riqueza ostentosa, configurando distritos residenciales centrales desde donde se irradian gradientes de densidad positivos resistentes al paso del tiempo. Por tanto, las familias que residen en las periferias urbanas de los núcleos metropolitanos, principalmente, conviven con elevadas densidades de ocupación y, por tanto, pequeños tamaños de sus parcelas de terreno y, además, soportan elevados costos de transporte cotidiano, situación incompatible con la premisa conservadora de la mayor disponibilidad de suelo para familias que incurren en elevados costos de desplazamiento, regla que en apariencia se cumple tan sólo para el caso de las localizaciones residenciales suburbanas de bajísima densidad.
58Esos matices de la movilidad residencial son inmanentes a una sociedad en proceso de metropolización con tendencia a la desvalorización del trabajo y a la ineficacia económica de los mercados inmobiliarios e hipotecarios residenciales. La incidencia en la densidad poblacional atribuible a los cambios de residencia de los nativos en los municipios metropolizados hacia el núcleo metropolitano es muy baja, moviéndose en un rango de 206 personas por kilómetro cuadrado (3,6% de la densidad poblacional total) en Medellín a uno de 52 personas/km 2 (0,8%) en Barranquilla. En la gráfica 14 se corrobora algo que en apariencia es obvio en ciudades poco cosmopolitas, y es que la mayor densidad poblacional es atribuible a los nativos de cada núcleo pues en ningún caso esta incide en menos del 50,9%, que es el caso de Pereira, en la densidad total. La ya mencionada pérdida de volatilidad espacial de las migraciones internas colombianas implica que son los inmigrantes perimetropolitanos los que aportan la mayor densidad poblacional a los núcleos, aunque en el caso de Barranquilla tal incidencia (13,8%) tiende a ser equiparada por la que aportan los inmigrantes posmetropolitanos (13,0%).
GRÁFICA 14. DENSIDAD POBLACIONAL TOTAL DE LOS NÚCLEOS METROPOLITANOS POR ORIGEN DE LA POBLACIÓN RESIDENTE, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane y catastrales del igac.
59La densidad residencial adicional que le imponen las migraciones intrametropolitanas a los municipios metropolizados, especialmente las originadas en el núcleo metropolitano, está mediada por la extensión del municipio receptor y por la disponibilidad económica y física de suelo edificable para usos residenciales. En ese sentido, Floridablanca y Calarcá aparecen como los municipios con mercados de suelo más integrados a las dinámicas residenciales metropolitanas, según se deduce de la incidencia metropolitana en el incremento en las densidades poblaciones que se presentan en la gráfica 15. A un segundo nivel y con incidencia superior al 50% y llegando hasta duplicarse se encuentran ocho municipios de los cuales La Tebaida, Soacha y Villamaría están entre los más metropolizados.
60La considerable magnitud de tales incrementos permite inferir el efecto de la escasez económica de suelo edificable para usos residenciales en los núcleos metropolitanos sobre los municipios metropolizados, que consiste en el traslado de la responsabilidad de los núcleos en la producción de suelo y, por tanto, de las funciones de accesibilidad y habitabilidad metropolitanas a los municipios de su área de influencia inmediata.
61La correlación que se presenta en la gráfica 16 no es espuria, pues podría ser aún más elevada si existiera una libertad urbanística como la que proclama el pensamiento conservador que se aferra a las supuestas bondades de una “mano invisible descontrolada” (Fujita et ál., 2000, p. 31). Pero la fragmentación de la propiedad territorial en las cabeceras de los municipios más metropolizados es el escenario en el que la costumbre de las transacciones de palabra facilita el acceso de las familias de bajos ingresos a la residencia, contrasta con la prohibición de la fragmentación de la propiedad territorial en las zonas suburbanas de los municipios menos metropolizados, instrumento que se emplea para excluir de sus mercados del suelo a aquellas familias que no pueden pagar la ineficiencia constructiva de un uso de tal naturaleza.
62El incremento en la densidad poblacional inducido por la metropolización de la población no es estrictamente correlativo a la producción de activos residenciales para los hogares metropolizados pues, como se discute a continuación, el hacinamiento y su elevada correlación con la propensión de los hogares a la tenencia en arriendo comprometen el patrón de sociabilidad inherente a la producción del hábitat metropolitano.
GRÁFICA 15. INCREMENTO PORCENTUAL EN LA DENSIDAD POBLACIONAL TOTAL DE LOS MUNICIPIOS METROPOLIZADOS EN RAZÓN DE LA METROPOLIZACIÓN, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane y catastrales del igac.
GRÁFICA 16. CORRELACIÓN DE LA METROPOLIZACIÓN DE LA POBLACIÓN CON EL INCREMENTO PORCENTUAL EN LA DENSIDAD POBLACIONAL TOTAL DE LOS MUNICIPIOS METROPOLIZADOS EN RAZÓN DE LA METROPOLIZACIÓN, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane y catastrales del igac.
4.3 Impacto de la metropolización sobre la tenencia de la vivienda y el hacinamiento
63Reconocido el mal funcionamiento del mercado del suelo urbano en los núcleos metropolitanos y su incidencia en los mercados de los municipios metropolizados, la metropolización de la población y de los mercados de trabajo encarna consecuencias sobre la tenencia de la vivienda y la intensidad de ocupación de los activos residenciales en estos últimos.
64La mencionada ruptura de los hogares colombianos con el atavismo decimonónico a la propiedad residencial es más evidente en ciertos núcleos metropolitanos, pues como se detectó en ciudades como Barranquilla o Cúcuta (ver gráfica 17), una porción dominante de los hogares cercana a las dos terceras partes aún se aferra a tal atavismo. Al igual que ocurre con las elevadas razones de dependencia en los municipios metropolizados del Caribe colombiano, la hipótesis culturalista generalmente aflora para eludir otro tipo de explicaciones acerca de un fenómeno inmanente a la forma de operación del mercado financiero hipotecario.
GRÁFICA 17. COMPOSICIÓN DE LOS HOGARES DE LOS NÚCLEOS METROPOLITANOS POR FORMA DE TENENCIA DE LA RESIDENCIA, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane y catastrales del igac.
65La propiedad residencial tan extendida entre los hogares de ingresos altos y medios es, contrario a las hipótesis recurrentes, más intensa entre los hogares de bajos ingresos con razones de dependencia más elevadas, lo que revela una estrategia de los jefes de hogar por recurrir a la propiedad como amparo patrimonial de sus dependientes. Sin embargo, el mecanismo regulador de esas elecciones es el mercado financiero hipotecario. nótese en la gráfica 18 que entre los núcleos con menor proporción de acceso al crédito hipotecario están los municipios con mayor tasa de propietarios residenciales: Barranquilla, Cúcuta, incluso Armenia. En el extremo está Bogotá con la mayor proporción de hogares con acceso al crédito y una de las menores tasas de propietarios.
GRÁFICA 18. CORRELACIÓN ENTRE LOS HOGARES PROPIETARIOS Y LOS HOGARES CON CRÉDITO HIPOTECARIO DE LOS NÚCLEOS METROPOLITANOS, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
66La cuestión es que los precios de los activos residenciales en los municipios residenciales son relativamente menores que en los núcleos metropolitanos, lo que ocurre en medio de una estrategia de segmentación de los mercados inmobiliarios residenciales por parte de los estructuradores metropolitanos. Más allá de las periferias urbanas de los núcleos, los hogares metropolitanos de ingresos medios y altos encuentran mercados que compiten con los del núcleo por su presencia, mientras que los de bajos ingresos recurren a los municipios monoclasistas en busca del acceso a la residencia. La contracción en las razones de dependencia efectiva en razón de la metropolización del mercado de trabajo se configura en el verdadero motor de la máquina inmobiliaria. Esa correlación positiva que se presenta en las gráficas 19 y 20 sugiere, además, que la fracción de hogares propietarios podría ser más elevada si el trabajo gozara de mayor aprecio: de mejor remuneración y estabilidad.
GRÁFICA 19. CORRELACIÓN ENTRE LOS HOGARES PROPIETARIOS DE SU RESIDENCIA Y LA METROPOLIZACIÓN DEL MERCADO DE TRABAJO, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
GRÁFICA 20. CORRELACIÓN ENTRE LOS HOGARES PROPIETARIOS Y LA RAZÓN DE DEPENDENCIA EN LOS MUNICIPIOS DE LAS ZONAS METROPOLITANAS, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
67En relación con el ingreso anticipado para el acceso a la residencia en propiedad, el crédito hipotecario, esa concentración de las razones de dependencia entre 2 y 4 dependientes por trabajador en los municipios metropolizados luce como el estándar medio que asumen los bancos hipotecarios y que a partir de allí y en los municipios con hogares con mayor número de dependientes se configura como una restricción para el acceso al crédito.
68La residencia en arriendo es una estrategia de bajo costo de relocalización para un conjunto creciente de hogares cuya característica socioeconómica es que sus perceptores de ingresos se desenvuelven en la informalidad laboral o tienen un contrato de trabajo flexible. Pero las condiciones residenciales –el hacinamiento– empeoran con el crecimiento de la proporción de hogares arrendatarios. La sustituibilidad planteada entre mayor hacinamiento y menores costos de relocalización tiene lugar en ámbitos laborales flexibilizados pero, como se trasluce de la gráfica 22, es más frecuente y de mayor intensidad en municipios metropolizados con gran diversidad económica como ocurre con los del eje de expansión occidental de Bogotá, en donde la agroindustria de exportación se combina con la expansión industrial propiciada por firmas de mediano y gran tamaño.
GRÁFICA 21. CORRELACIÓN ENTRE LOS HOGARES PROPIETARIOS CON DEUDA HIPOTECARIA Y LA RAZÓN DE DEPENDENCIA EN LOS MUNICIPIOS DE LAS ZONAS METROPOLITANAS, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
69Aunque el estado actual del hacinamiento es elevado para el 64,6% de los municipios metropolizados y núcleos metropolitanos, en el restante 35,4% el número promedio de hogares por residencia es igual o inferior a la unidad, es decir, que en estos últimos municipios el déficit residencial absoluto se habría superado. No obstante, en los medios académicos existe un gran escepticismo con este tipo de resultados pues existen ciertos indicios de la inexactitud en el conteo de viviendas en el operativo censal. En Bogotá, por ejemplo, la razón de hogares por residencia era de 1,32 en 1993 (Jaramillo et ál., 2000, p. 190) y en 2005 estaría en 1,10. Es improbable que esto haya ocurrido porque, en primer lugar, la velocidad de la formación de hogares es superior a la de la producción de activos residenciales y, en segundo lugar, porque después del auge constructivo que finalizó en la coyuntura 1995-1996, la crisis sectorial que tocó fondo en 1999 implicó una contracción de la oferta de considerable magnitud y, con posterioridad y hasta nuestros días las oscilaciones en la actividad inmobiliaria continúan sido notables, habiéndose detectado una tendencia al estrangulamiento del mercado de la residencia nueva (Alfonso, 2009, pp. 46-57) que afecta, con particular intensidad, la oferta residencial para hogares de bajos ingresos.
GRÁFICA 22. CORRELACIÓN ENTRE EL HACINAMIENTO Y LOS HOGARES ARRENDATARIOS EN LOS MUNICIPIOS DE LAS ZONAS METROPOLITANAS, COLOMBIA, 2005

Fuente: cálculos del autor con base en estadísticas censales del dane.
REFLEXIONES FINALES
70En el estadio actual del proceso de urbanización de la población no basta decir que tal o cual porcentaje de la población mundial reside –o residirá– en ciudades, pues tan sólo una porción de los desafíos se encuentran ahí. En cuanto a Colombia, las migraciones perimetropolitanas acentúan de manera paulatina aunque persistente su trascendencia superando la de las posmetropolitanas, signo indeleble de la pérdida de volatilidad espacial de los movimientos poblaciones en el territorio que, por su parte, son el principal indicio de partida de cualquier tentativa institucional de organización regional que trascienda a la visión municipalista del esquema territorial de Estado vigente.
71En el plano de la metropolización de la población se constata que el municipio más metropolizado de cada zona detenta una configuración social monoclasista de rango bajo, esto es, que allí residen familias de bajos ingresos, principal signo de la segregación residencial a escala metropolitana. De esta situación se infiere que el resto de municipios metropolizados no están dispuestos a acoger la pobreza y, por tanto, la debilidad de los vínculos de solidaridad metropolitanos está conduciendo a las zonas más aglomeradas del territorio a un estadio de polarización socioterritorial, fase extrema de la segregación residencial. Pero, por otra parte, las estrategias metropolitanas para enfrentar los desafíos más trascendentes se enfrentan a la autonomía local como una barrera institucional casi infranqueable.
72Tales desafíos guardan estrecha relación con la adecuación de los mercados internos para la producción de mejores condiciones de vida de sus residentes y para garantizar su abastecimiento perdurable. El primero recae sobre el mercado residencial y el segundo sobre el mercado de trabajo, siendo condición para su desarrollo la producción de bienes públicos metropolitanos con las que se superen las precariedades en las funciones de accesibilidad, habitabilidad y sociabilidad de los mismos. En relación con la metropolización de los mercados de trabajo, se argumentó precisamente que la prolongación de la jornada laboral de los trabajadores metropolizados obedece a tales precariedades, especialmente a las de accesibilidad y movilidad metropolitanas. Pero esas precariedades también delimitan el umbral de una posible desconcentración de la actividad económica y de otras funciones que ocurren en los núcleos metropolitanos, situación hipotética que favorecería tanto a estos como a los municipios metropolizados que las acogerían.
73La convergencia de los salarios industriales a un nivel difícilmente modificable en razón de las instituciones laborales vigentes, torna irrelevante el supuesto conservador de que “los obreros se dirigen hacia el lugar que les ofrece salarios esperados superiores” (Krugman, 1992, p. 137) pues en una situación como la perseverante de desempleo calificado al nivel metropolitano, los obreros buscan el lugar en donde se les ofrece algún salario. Esa característica del desempleo opera como una de las barreras que tienen que franquear los inmigrantes posmetropolitanos. Cuando los trabajadores consiguen ser absorbidos por la economía metropolitana, las razones de dependencia mejoran, constituyéndose tal evento en el principal vínculo de la metropolización del mercado de trabajo con la metropolización de la población y, por tanto, con el mercado residencial metropolitano.
74El comportamiento espacial de las razones de dependencia reviste cierta peculiaridad en el caso de los municipios metropolizados que se han considerado pues, en efecto, aquellos en los que es más elevada también se capta una mayor propensión a la tenencia de la residencia en propiedad. Esa estrategia de patrimonialización residencial elegida por los trabajadores metropolitanos merece un análisis más dinámico que rebasa los propósitos y el alcance de esta investigación, al igual que el fenómeno captado de que en aquellos municipios con mayor proporción de hogares que acceden a la residencia en alquiler enfrentan mayor hacinamiento que los hogares propietarios. En cualquier caso, esos análisis se deben apartar de la disyuntiva conservadora que sugiere que el equilibrio espacial se alcanza cuando la renta del suelo es compensada por la modificación en los costos de transporte y, por tanto, es posible encontrar mayores áreas privadas en las periferias urbanas pues, como se argumentó, la verdadera disyuntiva para los hogares con trabajadores flexibilizados está entre la disminución de los costos de movilidad residencial que permite la residencia en alquiler y los inmanentes a las condiciones de hacinamiento soportables por los miembros de tales hogares.
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